Feeds:
Entradas
Comentarios

La ciudad sin ti está solitaria

Por N.M.

Naty Menstrual
Naty por Daniel Mordzinski

Sábado 15 de noviembre, 18 hs. Llego al Malba taconeando al traqueteo. Voy a ver la perfo de Pedro Lemebel en el Filba.

Buenos Aires está inestable, rozando la bipolaridad, haciéndonos pasar de soles calientes a vientos de gripe. Esa traición porteña me había hecho cambiar el modelazo de urgencia, había elegido algo veraniego y cambié por un vestido setentoso que explotaba, largo hasta el piso, ajustado y tubular con una franja ancha rojo fuego cruzando la cadera por delante y por detrás que desorienta. El detalle, la capucha que me hacía ver como si hubiera salido de algún convento fashion marica. María Moreno me había hablado de Pedro y un buen amigo me había regalado hacía un tiempo su novela TENGO MIEDO TORERO autografiada por él una vez que había visitado Buenos Aires. TENGO MIEDO TORERO descansaba desde que lo había terminado de leer y de comer y de tragar y de amar y de sufrir arriba de mi mesita de luz al lado de las memorias completas de Alejandra Pizarnik.

A veces cuando el sueño me traiciona y me hace bailar la danza negra de mis fantasmas aquel torero me acompaña y mata mis pesadillas con viriles estocadas. TENGO MIEDO TORERO digo cerrando los ojos fuertemente y paro de sangrar.

Seguir leyendo »

Anuncios

Libro de visitas: Tomasz Piatek

Tomasz Piatek
Foto: Daniel Mordzinski

I’m thinking about Argentina and crying. Now I see: Europe is like Swiss, a community of beautiful but closed and cold towns. Living in Europe has no sense. I feel Argentinian. Is it stupid?

Libro de Visitas: Pedro Lemebel

Pedro Lemebel firmó el libro de visitas con un mensaje bastante particular:

Pedro Lemebel

El Domo que rodó

N. del E.: C.L. asistió al Festival el sábado, cuando el Domo se estremecía por el viento. Disfrutó el domingo de fiesta y días después nos regaló este bellísimo cuento infantil.


Por C. L.

El Domo que rodó

Había una vez en Buenos Aires un viento. Un flor de viento, sí, con pétalos y espinas y mucho, muchísimo polen. O al menos eso parecía. Porque una mañana de noviembre, volaron por las calles cientos, miles de flores. E infinitos libros abiertos. Y lectores que los perseguían corriendo.

¿Pero qué pasó?

Es complicado. El viento desordenó todo, hasta este cuento. Vuelvo a empezar.

 

Era noviembre y primavera. Las calles estaban en flor y mi ciudad también estaba en flor (lo que es un decir) porque había un festival: el Gran Festival de Literatura de Buenos Aires.

Cuando me desperté, oí ruidos raros, como de mar, de olas rompiendo con fuerza sobre la playa. Me asomé a la ventana (que estaba demasiado cerrada y no pude abrir) y vi: El viento corría en círculos entre las copas de los árboles. Parecía una carrera de autos, de Fórmula Uno. Yo pensé en mi papá. Tal vez donde él estaba también los veía. Después lo iba a llamar.

Bajé las escaleras y corrí. En mi casa tenemos un patio muy largo que casi le da la vuelta a la casa; es un lujo, dice mi mamá. Y tenemos túneles y pirámides de tela que se pueden enganchar pero que siempre están sueltos porque yo y mi hermanito, el “Toco”, nos peleamos. Bah, el Toco pelea, porque no entiende nada de cómo se juega a los Volcanes en Erupción. Los Volcanes aplastamos todo, incluso a bebés, esto lo sabe cualquiera. La cosa es que esta mañana los túneles y las pirámides rodaban por el patio de punta a punta. Se pusieron a jugar sin nosotros, pensé.

Mi mamá se despertó y se agarró la cabeza.

– Uy, qué cagada –dijo e inmediatamente se tapó la boca porque vio que yo la había oído.

– Sí, qué cagada –dije muy fuerte, sin mirarla.

Por eso recibí un pellizco en el hombro, pero valió la pena.

 

Seguir leyendo »

El más fachero

Resultados de una encuesta entre las chicas que trabajaron en la organización de FILBA.

El más fachero de los extranjeros: Daniel Galera.

Daniel Galera
Foto: Raul Krebs

Hace tiempo que no participaba en un Festival que permitiera las suficientes pausas para que las palabras resuenen, y que no todo fuera prisa y eventos simultáneos. Eso lo han logrado en Buenos Aires. Y ese ritmo y estilo viene de sus organizadores. Gracias por ese saber hacer para que la palabra y su escucha sean los verdaderos protagonistas.

Durante los días del FILBA, muchos periodistas bonaerenses me preguntaron “¿qué te parecen los festivales literarios?” Con frecuencia, la pregunta venía acompañada de una sonrisa socarrona que implicaba una segunda pregunta no pronunciada: “¿los festivales literarios son largas borracheras de escritores dudosamente seleccionados pagadas a menudo por los contribuyentes, en las que los invitados actúan como si fuesen estrellas de rock?”

La respuesta a esta pregunta es sí.

La respuesta a la primera es: me encantan.

Pero aparte de la diversión, hay buenas razones para defender los festivales como el FILBA, Bogotá 39 o las Ferias del Libro. Una de ellas es que en esos espacios, decenas de autores latinoamericanos jóvenes se van conociendo. Uno llega, conoce a otra gente que también escribe, se lleva sus libros, y luego habla de ellos con editores y periodistas que están buscando nuevos escritores. Así, se crea una caja de resonancia de lo que se escribe en cada país, en este caso, en Argentina.

Los festivales también sirven de encuentro con el público del país. Una de las barreras más complicadas de la industria literaria en América Latina es que los lectores conocen poco de lo que se produce fuera de sus fronteras. En los festivales, los extranjeros llegamos y le decimos al público: “Esto es lo que yo hago. Ojalá te interese”.

Mucha gente en el mundo de la cultura considera que eso no se debería hacer. Que buscar un público o una mayor difusión es vendernos. Yo creo que eso es parte importante del trabajo. Estamos vendiendo libros, no cocaína. Queremos que la gente lea, y para eso hace falta difundir la lectura. Los escritores no somos tan mediáticos como los actores o los músicos, pero cuando somos muchos juntos, podemos atraer a la prensa. Y si hay prensa, hay público. Y si hay público, hay auspiciadores.

Finalmente (y sobre todo), los festivales son un espacio de ebullición de ideas. La charla de Gianni Vattimo que abrió el festival, por ejemplo, se refirió a la noción occidental de diálogo, y cómo esa noción bloqueaba el verdadero diálogo al limitarlo al marco de Occidente. Con Obama en EEUU, con el G20 y una crisis financiera global, las palabras de Vattimo no eran un discurso vacío de salón: proponían demandas que podemos trasladar a nuestros gobernantes en los próximos años.

Lo mismo ocurrió en muchas otras charlas y mesas. Vivimos en un mundo interconectado donde las grandes verdades se han venido abajo, desde el muro de Berlín hasta Wall Street. Poder escuchar a gente que viene de todos los puntos del globo y cuenta cómo se ve el mundo desde ahí es un privilegio y una forma de construir el planeta que se nos viene.

Por todo eso, me siento muy honrado y agradecido por haber sido invitado al FILBA.

Bueno, y también me emborraché un poquito.

Un abrazo,
Santiago